30.8.07

Reflexiones sobre un abuelo del Mundo.

No es triste ver las lágrimas regarse entre las arrugas? Sea porque un futbolista con mucho futuro perdió la vida, sea porque los camarones rebosados de un famoso lugar de pollo y mariscos le resultan exquisitos, sea por la alegría que le da seguir respirando y mirando las cosas que adora.... El motivo para él siempre es lo de menos, exactamente el contrario práctico de la tipicidad mexicana (mucho más que una razón para adorarlo y ponerlo siempre por delante del resto de la familia), la expresividad que habrá de demostrar cada vez es ejemplar y motivante.


Si por escuchar los planes de un nieto cualquiera, familia o no, eso es lo de menos, el rostro se transforma de la satisfacción al llanto y por mirar la cartera llena y las ilusiones renovadas, el roble se dobla y llega sus ramas hasta el suelo, como si tratara de acariciar a sus vástagos salidos de otras raíces, aludiendo a la emoción primitiva que lo convierte de la cabeza de familia, fuerte, inflexible y malencarado, hacia la bondad encarnada y la mínima representación de la amenaza; si por todo eso no despierta la curiosidad y ternura en la persona más insensible, entonces los corazones de piedra son mucho más que un mito utilizado para hablar de gigantes y pueblos envidiosos y corruptos.

El llanto que busca ser desesperadamente ahogado tras comenar la reciente visita al Santo Niño de Atocha (por obligación de su Compaíto) es una prueba irrefutable de la sensibilidad que aporta mucho más que humanidad a una familia semiderruida; más que solamente un regaño contra él por la actual condición, el desprecio de los demás y la renuencia a aceptar sus necesidades y anteponer la vitrina en la que tiene que permanecer encerrado todo el día, todos los días, día tras día, es una estúpida pero clara representacón de la hegemonía falsa y contradictoria que debería ejercer la mayor de las hermanas entre el hato de mujeres que se deben al viejo, pero fuerte, tronco de el árbol del que ellas mismas penden.

Las historias de carretera continúan, ya no hay solamente narraciones sobre rebases y accidentes, sino también de cuidados y amistad tras el volante, de religiosidad entre ancianos que pertenecen al vasto, húmedo y seco a la vez, luminoso y sumido en oscuridad y neblina de vez en vez, musicalizado por cantos de todo tipo de aves o de vez en vez por los potentes (o podridos) motores de los devoradores de líneas y kilómetros, más que enorme mundo propio de ellos, trasladistas: llevadores de felicidad o desgracia hasta la población a la que llegan, ya con autos para laboratorios, ya entregando una camioneta que repartirá frituras en las escuelas y cada lugar donde haya consumidores potenciales, mejorando una comunidad al entregar una nueva unidad de medicina móvil... en fin... llevando trocitos de civilización a lugares remotos o aumentando la mancha metálica y multicolor que puebla las nuevas grandes orbes y las que van poco a poco hacia allá...

Uno nunca sabe...